Para el sector inmobiliario de Venezuela, las acciones que se han generado a inicios de año muestran un movimiento fuera de lo común
Comprar una propiedad en su país de origen alguna vez fue “impensable” para Carlos Peñalver, un electricista venezolano que se marchó a Estados Unidos hace cuatro años, cuando la economía de Venezuela empezó a tambalearse como consecuencia de las sanciones económicas impuestas al país.
El secuestro del presidente Nicolás Maduro cambió el panorama, lo suficiente para que Peñalver empezara a llamar a agentes inmobiliarios.
Poco después cerró la compra de un apartamento de tres dormitorios en la ciudad portuaria oriental de Puerto Ordaz. Días más tarde, los precios ya habían subido. Había menos propiedades disponibles. “Yo sí tuve suerte”, dijo Peñalver, de 26 años.
Aún es pronto en lo que podría convertirse en una etapa pos-Maduro en el país sudamericano, marcado por un gobierno asediado por las sanciones económicas y el bloqueo financiero que generó el colapso económico y empujó la migración masiva.

Expectativas de cambios
“Lo que está jugando allí son las expectativas de cambio”, dijo Asdrúbal Oliveros, un veterano economista venezolano.
Muchos corredores describieron listados que permanecieron sin vender tras los aumentos de precios, así como propietarios que retiraron sus inmuebles del mercado hasta que este se fortalezca.
Las esperanzas se ven impulsadas en parte por cambios en el sector petrolero de Venezuela, columna vertebral de la economía. El mes pasado, legisladores venezolanos aprobaron nuevas normas destinadas a atraer inversión extranjera, lo que eleva el potencial de una mayor producción y crecimiento.
Aun así, las compañías petroleras extranjeras se mantienen cautelosas tras años de sanciones económicas impuestas, y es poco probable que las medidas recientes desaten una ola inmediata de inversiones. E incluso en el mejor de los escenarios, cualquier mejora significativa en la producción de petróleo probablemente tardaría años en concretarse.

Una percepción emocional
“Las personas tuvieron una percepción netamente emocional, sin una base racional, de que sus inmuebles costaban más”, dijo Pablo González, presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela.
“¿Que puede ser que se transforme en realidad?”, añadió González. “Yo creo que puede ser, pero tenemos que dejar que los eventos económicos se desarrollen”.
Durante años, el mercado inmobiliario venezolano ha estado prácticamente paralizado, mientras la hiperinflación destruía el poder adquisitivo y los bancos abandonaban el crédito a largo plazo.
“La inestabilidad del país hace que uno no pueda planificarse”, dijo.
Según agentes inmobiliarios, percepciones como esta han reducido el mercado principalmente a los que están afuera.
Precios locos
Aun así, agentes en toda Venezuela, desde la capital y las regiones petroleras hasta los destinos de playa y ciudades más pequeñas, dijeron haber visto aumentos de precios que oscilaban entre el 20 y hasta el 50 por ciento, en algunas zonas.
En Ciudad Guayana, en el oriente del país, Diogelis Pocaterra, agente inmobiliaria, dijo que una casa adosada que hace dos años estaba listada en 55.000 dólares pasó a 85.000 dólares, “solo por el hecho del secuestro del presidente Nicolás Maduro”.
Los corredores dicen haber recibido una avalancha de consultas de compradores potenciales, frecuentemente atraídos por los antiguos “inmuebles de oportunidad”, apreciados por sus comodidades a precios de remate. Pero esas viviendas de menor precio prácticamente han desaparecido, dicen los agentes, a medida que los vendedores retiran sus propiedades del mercado.
“Hay muchísima gente que nos ha contactado a la inmobiliaria pensando que todavía hay inmuebles en ofertas de oportunidad que hubo en un momento de apartamentos con vista al mar, amoblado en 18 y 20 mil dólares”, dijo Pocaterra. “Eso ya no existe”.

En Cumaná, capital del estado costero de Sucre, Adriana Rodríguez, corredora, dijo que los precios han aumentado alrededor de un 20 por ciento desde principios de enero, mientras que cerca del 80 por ciento de los listados quedaron en pausa a la espera de señales económicas más claras.
“Yo cumplí alrededor de 25 días como con 5 clientes que no les he encontrado nada y están ahí todos los días preguntándome”, dijo, y agregó que se quejan de los elevados precios de venta. “La gente que vea por las redes sociales, los clientes que vean esas publicaciones digan que son precios locos”.
En regiones muy turísticas, como la isla de Margarita, los agentes estiman que alrededor del 80 por ciento de las consultas actuales provienen de venezolanos que viven en el exterior, con un interés más limitado por parte de compradores extranjeros.
“Este momento no está dando para esos incrementos exagerados”, dijo Pocaterra. “Estos procesos llevan tiempo y es lo que tenemos que comprender y hacer entender a nuestros propietarios que se dejan llevar por las noticias, los sentimientos y la euforia”.

